
Casa Aldabe – Casa rural con encanto en San Martín de Unx
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Si algo distingue al Festival de Teatro de Olite son sus escenarios. En lugar de un teatro a cubierto, las funciones se reparten por la trama urbana de una ciudad declarada conjunto histórico-artístico. El espacio principal es La Cava, un graderío al aire libre junto a la muralla del Palacio Real de Olite con capacidad para cerca de quinientas personas, donde las obras grandes se programan de noche, a las 22.00 h. La Iglesia de los Franciscanos, la Plaza de los Teobaldos, la Casa de Cultura y el Museo del Vino completan el mapa de escenarios. El público es variado, desde aficionados al teatro hasta familias y viajeros que combinan una función con una escapada de verano.
Para quien visita Navarra en julio, el festival es una razón para detenerse en Olite más de una tarde y enlazarlo con el Palacio Real, el Casco Antiguo medieval y el vino de la Zona Media. Esta guía explica cómo funciona, qué se representa en 2026, cómo conseguir entradas y dónde alojarse cerca para verlo sin prisa.
El festival arrancó en el año 2000 con una idea concreta, recuperar el teatro del Siglo de Oro —Lope, Calderón, Tirso, Cervantes— y representarlo en el espacio para el que parecía escrito, una ciudad medieval declarada conjunto histórico-artístico. De aquel origen clásico viene el nombre con el que mucha gente todavía lo busca, Festival de Teatro Clásico de Olite. Con los años, el certamen ha ido ensanchando su programa hasta convertirse en el actual Festival de Teatro de Olite, organizado por el Gobierno de Navarra y la Fundación Baluarte, donde junto al teatro caben la danza, el circo, el clown, la magia y la música.
Lo que no ha cambiado es su seña de identidad. El festival no utiliza un teatro a cubierto, sino que se reparte por la trama urbana de Olite y saca las funciones a la calle. La piedra no es decorado, es el motivo por el que el festival existe. Y eso se nota desde la primera función.
Esa dispersión por la ciudad cambia la forma de ver el festival. La Cava concentra las funciones de mayor formato, pero buena parte de la programación pasa por espacios muy distintos. Una obra en la Iglesia de los Franciscanos, en penumbra y con el público casi encima de los actores, no se parece a una propuesta de calle en la Plaza de los Teobaldos a media tarde, ni a una función nocturna al aire libre en La Cava. Ver dos espectáculos seguidos puede significar pasar de un interior recogido a una grada abierta en cuestión de minutos.
Conviene tenerlo en cuenta al elegir entradas. En La Cava, aunque sea julio, el fresco aparece en cuanto cae el sol, así que una chaqueta fina no sobra. Y como las funciones se reparten por toda la ciudad, merece la pena mirar en el programa el espacio de cada obra antes de comprar, porque no todas piden la misma ropa ni la misma hora.
El cartel de 2026 se abre el 17 de julio con Adolescencia infinita y mantiene la mezcla de disciplinas que define al certamen, con compañías navarras, estatales e internacionales. Junto a las funciones de teatro hay danza, circo, magia y música, además de una línea formativa con talleres y encuentros con artistas y periodistas.
El programa mantiene su apuesta por la creación. Este año acoge dos residencias, una con Edurne Pena y La Majica con Amortzia y la otra a cargo de la compañía Las Nenas Theatre con Gatomaquia, un proyecto que parte de una obra de Lope de Vega, un guiño a aquel origen clásico del certamen.
Las entradas suelen ponerse a la venta semanas antes del verano a través de los canales oficiales del festival, y para las funciones de La Cava merece la pena comprarlas con antelación. De día, mientras tanto, las calles se vacían de teatro y la ciudad queda para quien quiera verla con calma. Pueden encontrar toda la programación aquí.
Ese es el momento de subir al Palacio Real, la antigua residencia de los reyes de Navarra, un palacio gótico de torres, patios y galerías que basta para entender por qué Olite eligió el teatro y no al revés. Y es también el momento del vino. Olite es una de las capitales de la Denominación de Origen Navarra, con su Museo del Vino y bodegas a pocos minutos del casco. A un paso, San Martín de Unx presume de ser cuna del rosado y guarda en lo alto del pueblo la Cripta de San Martín de Tours, una joya del románico del siglo XII.
Quien mejor lo cuenta son las personas que viven allí. En La Posadica Casa Aldabe, en San Martín de Unx, los anfitriones Raquel y Javier hacen algo más que recibir. Javier guía las visitas a esa cripta románica y Raquel acompaña recorridos enoturísticos por las bodegas de la zona. Teatro de noche, castillo y bodega de día. El plan se arma solo.
Olite es pequeña y en verano se llena, así que conviene buscar cama en los pueblos de alrededor, que es además donde está el alma de la Zona Media. La propia Casa Aldabe, una antigua fonda de más de dos siglos en pleno casco de San Martín de Unx, alquila la casa íntegra a familias y grupos a pocos kilómetros de Olite, ideal para volver tarde tras la función.
A media hora del castillo, en Gallipienzo, Heredad Beragu es un alojamiento rural solo para personas adultas que Patxi y Ramón levantaron sobre un conjunto de casas de piedra asomadas a la Foz del río Aragón. Su cocina, atenta a la temporada y a las conservas de calidad de Navarra, lo convierte en un buen final de jornada. Y hacia la Ribera, en Murillo el Fruto, Txapi Txuri ocupa una vieja casa labriega rehabilitada por quienes cultivan su propia huerta, sus olivos y un viñedo ecológico del que sale el vino Quebradero, que se sirve en su restaurante. Kerma, tu anfitrión, estará encantado de guiarte por la gastronomía de Navarra a través de sus platos.
Olite está a unos cuarenta minutos de Pamplona por la autovía, una distancia que permite hacer noche en cualquiera de los pueblos vecinos sin renunciar a las funciones de cierre. La mejor —y única— época para el festival es la segunda quincena de julio y los primeros días de agosto. Reserva las entradas con tiempo, sobre todo las de La Cava, y reserva también el alojamiento con margen, porque las plazas en la Zona Media escasean en pleno verano. Para las noches al raso, una chaqueta fina en la mochila. El resto lo pone la piedra.
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