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Cada 24 de diciembre el Olentzero baja de las montañas para hacer regalos a los niños.
La Navidad de Navarra tiene sonidos, olores y personajes propios. No es solo una fecha del calendario, es una forma de vivir el invierno, de mirar al monte y de entender el paso del tiempo. En esa manera tan nuestra de celebrar las fiestas destaca una figura profundamente arraigada en la cultura popular: el Olentzero, el carbonero que cada 24 de diciembre, en Nochebuena, baja de la montaña a lomos de su burro para llevar regalos a los niños y niñas que se han portado bien durante el año.
Su imagen es inconfundible: el rostro manchado de carbón, el pañuelo anudado al cuello, las alpargatas gastadas y una expresión bonachona que la tradición describe como la de un “cabezón muy inteligente” (buru handia entendimentuz jantzia). Buen comedor, amigo del trago y algo borrachín, Olentzero representa ese equilibrio tan humano entre lo rudo y lo tierno. En muchas localidades llega acompañado de Mari Domingi, su inseparable compañera, con quien comparte protagonismo en los desfiles y celebraciones navideñas.
Centro de Montaña Irati-Abodi
El Olentzero es un personaje típico de la Navidad de Navarra, del País Vasco y del País Vasco francés. Su origen no está del todo claro, pero los estudios lo vinculan a antiguos rituales paganos relacionados con el solsticio de invierno, cuando se celebraba el fin de un ciclo y el inicio de otro.
De hecho, en sus formas más antiguas, Olentzero estaba asociado a la quema simbólica de lo viejo para dejar paso a la nueva vida, una idea de renovación que sigue muy presente en su significado actual.
entre el monte, la tradicción y el viaje
Según recogen estudiosos como José Emilio Esparza Viela, el Olentzero hunde sus raíces en los gentiles, pueblos antiguos que habitaban las montañas, y en ritos vinculados a la luz y al renacimiento del sol tras el solsticio de invierno. Su figura de carbonero está ligada al monte y a las antiguas ferrerías y carboneras, como las aize-olas documentadas en zonas como Ikatzulo, en Lesaka. Con la llegada del cristianismo, el personaje evolucionó y pasó a anunciar el nacimiento de Jesús, transformándose poco a poco en el entrañable portador de regalos que hoy conocemos.
Lesaka está considerada la cuna de esta tradición y vivir allí la Navidad en Navarra es hacerlo de la forma más auténtica. Cada 24 de diciembre por la mañana se celebra un concurso de Olentzeros y, por la tarde, el ganador recorre el pueblo en pasacalle acompañado por la banda de música. Es una experiencia única que conecta directamente con el espíritu del norte navarro y que encaja a la perfección con un viaje por la Ruta del Bidasoa, una de las propuestas de Navarra Experiences donde los paisajes, los pueblos y las tradiciones siguen muy vivos.
En Pamplona, el Olentzero también tiene una presencia destacada. La tarde del 24 de diciembre, el gran desfile recorre la ciudad acompañado de dantzaris, música tradicional vasca y animales de granja: grandes bueyes, patos, ocas, gallinas, caballos, ovejas de raza latxa o cabras, acercando el mundo rural al corazón urbano y recordando que la Navidad de Navarra nace en el campo y en el monte.
En comarcas como Baztan-Bidasoa, Olentzero sigue siendo mucho más que un portador de regalos. En Nochebuena, al atardecer, los villancicos resuenan en las calles y Olentzero llega acompañado de Mari Domingi, recogiendo antes las cartas de los niños y niñas y manteniendo ese contacto directo y cercano que define las celebraciones del norte.
Esta vivencia se puede integrar perfectamente en una escapada por la Ruta de las Montañas o por el Camino de Santiago en Baztan, donde los anfitriones y anfitrionas de Navarra Experiences ayudan a descubrir no solo los paisajes, sino también las historias y costumbres que dan sentido al viaje.
Recorrer en estas fechas la Ruta del Plazaola, el Bidasoa o el Baztan es adentrarse en una Navarra invernal, tranquila y auténtica, donde las tradiciones no se exhiben, se viven. Alojarse en una casa rural del norte, escuchar a los anfitriones contar cómo se preparaba antiguamente la llegada del Olentzero o cómo ha ido cambiando con los años, es entender que estas fiestas no son solo para mirar, sino para formar parte de ellas.
Porque Olentzero, en el fondo, simboliza algo muy sencillo y muy profundo a la vez: el paso del invierno a la luz, de lo viejo a lo nuevo, de la montaña al pueblo. Y vivirlo sobre el terreno, siguiendo las rutas y experiencias de Navarra Experiences, es una de las mejores maneras de descubrir la Navidad de Navarra, contada, como siempre, por su gente.
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