
Posada Elbete
En el corazón del Baztán, una posada con historia y sabores locales. ¿Quieres venir? Cuéntanos cuándo y te enviamos todos los detalles.
Elizondo es el escenario donde arranca y se cierra buena parte de la trama, y también el pueblo donde creció la protagonista. La casa de la tía Engrasi, su refugio en las tres novelas, tiene en el papel un gran arco de piedra en la entrada, como los caseríos baztaneses; la vivienda que ocupa ese papel en las películas, en la calle Braulio Iriarte, es otra, más humilde, y quien conoce ambas versiones descubre enseguida que el libro y la pantalla no siempre señalan la misma puerta. A un paso de allí, la Taberna Txokoto y la presa del mismo nombre sobre el río Baztán acogen varios encuentros de la saga, y el restaurante Santxotena, con más de un siglo detrás, sigue sirviendo la cocina de siempre. La iglesia de Santiago, la Plaza de los Fueros y el edificio que hace de comisaría completan un paseo que se recorre en menos de una hora.
Belén y Karlos reciben en Posada Elbete, a dos minutos andando del casco urbano, con un restaurante propio de cocina local y producto ecológico que convierte la parada en algo más que una cama para pasar la noche. En la ladera del monte Bagordi, con vistas al valle entero, Maxux Goñi levantó Markulluko Borda sobre cinco apartamentos y una despensa donde vende productos elaborados en la zona.
Seis kilómetros al norte, Arizkun guarda una de las capas más incómodas de la trilogía, la de los agotes, una comunidad marginada durante siglos en los valles pirenaicos a la que se atribuían, sin fundamento alguno, enfermedades y oficios impuros. Dolores Redondo recupera ese estigma histórico para tejer parte del pasado de sus personajes, y el pueblo conserva memoria de ello en su trazado urbano, donde a los agotes se les obligaba a vivir en un barrio aparte y a entrar a la iglesia por una puerta distinta a la del resto de vecinos. El Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, con su fachada de barroco baztanés, aparece también en la saga y sigue siendo hoy un buen motivo para detenerse antes de continuar ruta.
Arizkun se visita bien en una parada corta, integrada en el mismo día que Elizondo, y conviene hacerlo con tiempo para leer las placas y los carteles que el propio pueblo ha colocado explicando su historia, un ejercicio de memoria que la ficción solo rozó.
El legado en los huesos lleva a sus personajes hasta las cuevas de Urdazubi / Urdax y de Zugarramurdi, formaciones que en la realidad se visitan con guía y que la leyenda liga desde hace siglos a la brujería y a los procesos que persiguieron a mujeres de la zona. Más al sur, la entrada del Jardín de Bertiz presta su verja y su vegetación a una de las escenas más recordadas de la saga, la del hospital psiquiátrico donde queda internado uno de los personajes, algo que solo se descubre avanzada la trama.
Mari Jose abre las puertas de Casa Rural Urruska, en el barrio de Beartzun, a diez kilómetros de Elizondo, donde cría vacas, ovejas y gallinas y cocina cada cena con lo que da su propia huerta. Es un buen punto de partida para acercarse a las cuevas sin prisa. En Ituren, en el valle de Malerreka, Mirentxu y Xabier ofrecen en Tresanea nueve apartamentos en una casa señorial del siglo XVI, cada una con el nombre de un personaje de la mitología navarra, a poca distancia por carretera de Zugarramurdi y Urdazubi / Urdax.
Conviene reservar las visitas guiadas a las cuevas con antelación, sobre todo en fin de semana, y llevar calzado cómodo para el terreno húmedo del interior.
Lesaka presta su iglesia a la ficción, que la hace pasar por la de Santiago de Elizondo en las películas, un intercambio habitual en cualquier rodaje y que ilustra bien cómo la trilogía trenza pueblos distintos para construir uno solo en la pantalla. El pueblo, con sus casas asomadas al río Onin y sus vados de piedra para cruzarlo a pie, tiene entidad propia más allá del préstamo, y forma parte de la comarca del Bidasoa que da nombre y paisaje a media trilogía.
Muy cerca, en el propio pueblo de Arantza, Alberto Madinabeitia dirige Arantza Hotela, un alojamiento solo para personas adultas con el sello europeo EcoLabel, donde el silencio de la montaña y una cocina de kilómetro cero son la manera de cerrar un día de ruta por esta parte del valle.
La trilogía no se queda en el Baztán. Amaia Salazar vive en Pamplona, en una casa situada, según la novela, sobre una antigua fábrica de paraguas cerca de la calle Mercaderes, y trabaja a un paso de la Plazuela San José, junto a la Catedral. El restaurante Rodero y el Europa aparecen citados en los libros como algunos de los locales donde los personajes comen o se alojan, y el Café Iruña, fundado en 1888, es parada obligada para quien quiera tomar algo entre columnas de hierro con más de un siglo de tertulias encima.
Ese salto de valle a ciudad no es solo un cambio de escenario. Es también el que hace, en la vida real, cualquier persona que decide dejar Pamplona un fin de semana y buscar el silencio del Baztán, el mismo gesto que atraviesa toda la trilogía en sentido contrario.
La trilogía atrajo a Elizondo a miles de lectores y espectadores que después descubrieron que el valle daba para mucho más que una ruta de escenarios. El Baztán cría ganado vacuno y ovino desde hace siglos, elabora quesos artesanos como los de Quesos Autxitxia, y guarda una repostería propia, la torta de txantxigorri, que se compra en la Pastelería Malkorra, junto a la iglesia de Elizondo. El río Baztán, que aguas abajo pasa a llamarse Bidasoa, atraviesa el valle entre prados y bosques de haya y roble, con niebla frecuente al amanecer que desdibuja tejados y lomas.
Cada julio, el Baztandarren Biltzarra llena Elizondo de trajes tradicionales, danzas y oficios de cada pueblo del valle, una fiesta que no aparece en la trilogía pero que resume mejor que ninguna otra el carácter baztanés que Dolores Redondo quiso capturar en sus páginas. Quien recorre esta ruta con tiempo por delante suele terminar quedándose más días de los que había planeado.
Elizondo está a unos 45 minutos de Pamplona por carretera, la mejor base para empezar cualquiera de estos recorridos. La zona se visita bien todo el año. Aunque la niebla y el verde intenso del otoño y el invierno se acercan más a la atmósfera de las novelas que el sol del verano, cualquier estación es buena para disfrutar de este valle mágico. Las cuevas de Zugarramurdi y Urdazubi / Urdax tienen visitas guiadas que conviene reservar con antelación, y el Jardín de Bertiz cierra algunos días fuera de temporada, así que conviene comprobar el horario antes de acercarse.
Para quien llega desde Francia, el valle se alcanza también por el puerto de Izpegi, una carretera de montaña que conecta con la Baja Navarra francesa y que añade otro capítulo al viaje.
¿Quieres seguir esta ruta alojándote en el corazón del valle? Explora los alojamientos rurales de Navarra Experiences en el Baztán y elige el punto de partida para tu propia versión de la trilogía.
Te ayudarán a vivir la experiencia

En el corazón del Baztán, una posada con historia y sabores locales. ¿Quieres venir? Cuéntanos cuándo y te enviamos todos los detalles.

Caserío tradicional rehabilitado con mimo, respetando la piedra y la madera originales para mantener ese ambiente cálido y rústico que invita al descanso.
para saborear Navarra de norte a sur
Una forma muy sencilla de planificar tu escapada es elegir primero una ruta y, desde ahí, seleccionar anfitriones, experiencias y mesas. Estas rutas de Navarra Experiences se llevan especialmente bien con el gastroturismo.
En cada una de estas rutas, la recomendación es la misma: deja hueco para la improvisación. El mejor mirador, el paseo más bonito o el plato que no esperabas suele llegar por una frase de tu anfitrión o anfitriona, pregúntales.
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